Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy jueves 29 de julio de 2021

Día litúrgico: 29 de Julio: Santa Marta

Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Jn. 11, 19-27):  Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.

Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”.

Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”.

Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;

y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”.

Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el día de hoy nuevamente suspendemos la lectura de San Mateo, porque celebramos por primera vez como memoria obligatoria instituida por el Papa Francisco, a los Santos “Marta, María y Lázaro”.

El 26 de enero del presente año, el Cardenal Robert Sarah y el Arzobispo Arthur Roche, respectivamente Prefecto y Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, firmaron el Decreto de variación en el calendario general Romano referente a la celebración del 29 de julio. A partir de este año se llamará de los Santos Marta, María y Lázaro.

Estos tres hermanos de Betania eran discípulos y fieles amigos de Jesús, en su casa Jesús pernoctaba y se refugiaba durante sus estancias en la cercana Jerusalén. En el Decreto se recuerda que “En la casa de Betania, el Señor Jesús experimentó el espíritu familiar y la amistad de Marta, María y Lázaro, y por eso el evangelio de Juan afirma que los amaba. Marta le ofreció generosamente hospitalidad, María escuchó atentamente sus palabras y Lázaro salió rápidamente del sepulcro por mandato de Aquél que ha humillado a la muerte”.

En el evangelio que leemos hoy, vemos que Jesús cuando supo de la gravedad de su amigo Lázaro trató de apresurarse, pero igual llegó cuatro días después de su muerte. Al momento de llegar a Betania mucha gente estaba ahí acompañando en su dolor a Marta y María, pero de toda la gente que se encontraba presente sólo Marta corrió al encuentro del Señor cuando aún él estaba en camino, mostrando su afecto, su confianza y su fe en Él.

Es una bella escena para contemplar. A diferencia de su hermana María que se queda en casa, Marta salió a buscar al Señor, justo cuando estaba atravesando un momento difícil como la muerte de su hermano Lázaro. Es una experiencia límite, pero no la paraliza. ¡Qué iluminadora es la actitud de Marta también para nosotros hoy! Nos muestra que aún en los acontecimientos más duros de la vida, no podemos quedarnos estancados.

Ese deseo de encuentro con Jesús lleva a Marta a experimentar consuelo en su dolor. ¿En las situaciones límites de mi vida experimento ese deseo de encuentro con Dios? ¿Soy capaz de salir de mí mismo? Marta nos enseña que podemos abrirnos a la presencia sanadora de Jesús que es capaz de llenar mi vida de gratuidad. ¿En los problemas de mi vida soy capaz de permanecer en Jesús? La amistad con Jesús, como lo vemos en los hermanos de Betania, nos ayuda a salir adelante en las dificultades.

Jesús nos cuestiona con cariño, como a Marta, y nos dice: «Yo soy la resurrección y la vida… el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre». El discípulo del Señor está llamado a hacer propia la pregunta de Jesús a Marta: «¿Crees esto?». ¿Qué implica para mí que él sea la resurrección y la vida? ¿Cómo incide en mi vida de cada día la fe en él? El evangelio hace de nuestro encuentro con Jesús y de la amistad con él, una expresión de fe y de esperanza de una vida nueva.

Jesús sin ahorrar las lágrimas a Marta le asegura que su hermano vivirá.  También nos asegura a nosotros, que el que cree en él ya ha pasado de la muerte a la vida. El camino propio del discipulado es pasar de la oscuridad de lo que da muerte, a la luz de lo que nos da vida. Como a Marta nos toca pasar del «por qué no estabas aquí» a la fe confiada en Jesús: «Yo creo Señor, que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo».

¿Soy realmente amigo de Jesús, como los hermanos de Betania?

¿Hasta qué punto llega mi fe y confianza en Jesús?

¿Creo en la resurrección de los muertos como afirmamos en el Credo?

Señor, danos la gracia de ser como Marta, María y Lázaro, a tenerte siempre preparado un hospedaje limpio y acogedor en nuestro corazón. Queremos ser tan fieles a tí, como tus amigos de Betania. Amén.

Bendiciones.

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