Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy martes 20 de julio de 2021

Día litúrgico: Martes 16 del tiempo ordinario

Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Mt 12,46-50): Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él.

Alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte”.

Jesús le respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”.

Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: “Estos son mi madre y mis hermanos.

Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Palabra del Señor.

Reflexión

El pasaje del evangelio de hoy en algunas ocasiones se ha utilizado para desacreditar la figura de la Virgen María, haciendo parecer la respuesta de Jesús como un rechazo a su Santísima Madre y a su familia.

Nada más lejos de la realidad. María es el modelo perfecto del discípulo. Jesús aprovecha la llegada de su madre y sus parientes, para enseñar lo que para él es verdaderamente importante. La verdadera familia de Jesús no es únicamente la que lo une por los lazos de sangre, pues éstos se rompen con la muerte e incluso puede haber algunos que, aún teniendo la misma sangre, decidan no seguir la voluntad del Padre. La verdadera familia es la que vive conforme al evangelio, es la que ha sido adoptada por el Padre como hijos por medio del Espíritu Santo.

Ciertamente María es grande a los ojos de Dios por ser la Madre de Jesús, su Hijo único, pero es aún más grande por hacer la voluntad de Dios. ¿Quién ha estado más dispuesta a realizar la voluntad de Dios que María? «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Por esto, san Agustín dice que María, primero acogió la palabra de Dios en el espíritu por la obediencia, y sólo después la concibió en el seno por la Encarnación.

Pertenecer a la Iglesia de Jesús no es garantía última, ni la prueba de que en verdad seamos “hermanos y madre” de Jesús. Dependerá de si cumplimos o no la voluntad del Padre. La fe tiene consecuencias en la vida. Los sacramentos, y en particular la Eucaristía, piden coherencia en la conducta de cada día, para que podamos ser reconocidos como verdaderos seguidores y familiares de Jesús.

Nuestro parentesco con Jesús se refuerza en la medida en que nos aplicamos en hacer la voluntad de Dios, que no es otra que, la de vivir conforme a las exigencias del evangelio. Recordemos que en otro pasaje ya nos había dicho: “No todo el que me diga: Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial”.

¿Creo que Jesús me considere, entre sus parientes más cercanos?

¿Buscamos, como María, cumplir la voluntad de Dios?

Señor Jesús, enséñame a cumplir siempre la voluntad del Padre, para encontrar el descanso que me ofreces. Ayúdame a ser manso y humilde de corazón. Amén.

Bendiciones.

(Visited 23 times, 1 visits today)