Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy miércoles 9 de junio de 2021

Día litúrgico: Miércoles 10 del tiempo ordinario

Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): Jesús dijo a sus discípulos:

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Palabra del Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy, Jesús afirma ante los judíos su pleno respeto por la “Ley de Moisés”. La declaración es oportuna, pues el Señor causó sorpresa al no comportarse como un mero intérprete de Moisés, sino que lo “desbordó” llevando dicha Ley a su más alta perfección, incluso poniéndose por encima de ella como su misma “Fuente”.

El Señor criticó repetidas veces las interpretaciones que se hacían de la ley de Moisés, pero no la desautorizó, sino que la cumplió e invitó a cumplirla, porque, durante siglos, había sido, para el pueblo elegido, la concretización de la voluntad de Dios.

Jesús no ha venido a abolir el Antiguo Testamento, sino a perfeccionarlo, a llevarlo a su plenitud. Pondrá, sucesivamente varios ejemplos, referentes a la caridad fraterna, la fidelidad conyugal, la claridad de la verdad. Siempre en la línea de una interiorización vivencial, sin conformarse con el mero cumplimiento exterior.

El Antiguo Testamento no está derogado. Está perfeccionado por Jesús y su evangelio. Los mandamientos de Moisés siguen siendo válidos. La Pascua de Israel ya fue salvación liberadora, aunque tiene su pleno cumplimiento en la Pascua de Cristo y en la nuestra. La Alianza del Sinaí ya era signo de salvación, pero ahora ha recibido su plenitud en el sacrificio pascual de Cristo en la cruz y en su celebración memorial de la Eucaristía. Lo mismo podemos decir de los sacrificios, del sacerdocio, del Templo y del Pueblo elegido de Dios: en el Nuevo Testamento llegan a su realización definitiva en Cristo y su Iglesia.

En algunos aspectos, como el sábado, la circuncisión, el Templo, los sacrificios de corderos; la nueva comunidad de Jesús se ha distanciado de la ley antigua. Pero, en la mayoría de sus elementos, sigue consciente de la gracia salvadora de Dios que empezó entonces y continúa ahora: basta recordar cómo seguimos rezando los salmos del pueblo de Israel. Eso sí, conscientes de que Jesús ha llevado a su perfección todo lo que se nos dice en el Antiguo Testamento, como lo ha hecho en el sermón de la montaña con el novedoso programa de sus bienaventuranzas. No nos lo ha hecho más fácil, sino más profundo e interior.

El seguimiento cristiano no se limita a la observancia ritualista de un código de normas. La nueva legalidad es la del amor, la de la respuesta generosa al don amoroso de Dios, que nos amó primero y entregó a su propio Hijo hasta la muerte. El amor del discípulo de Jesús no puede tener otro límite que el de la entrega radical, total y definitiva.

¿Seguimos leyendo con interés el Antiguo Testamento, como palabra eficaz de Dios e historia de salvación, como diálogo vivo entre la fidelidad de Dios y la manifiesta infidelidad de su pueblo?

Te bendecimos, Señor, Dios de nuestros padres, porque en Cristo Jesús realizaste con tu pueblo un nuevo pacto de amor total y fidelidad cabal. Concédenos cumplir siempre con amor tu voluntad. Amén.

Bendiciones.

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