Cartas Pastorales

Contemplar el Evangelio de hoy viernes 4 de junio de 2021

Día litúrgico: Viernes 9 del tiempo ordinario

Ver 1ª Lectura y Salmo     

Texto del Evangelio (Mc 12,35-37): Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”.

Si el mismo David lo llama “Señor”, ¿cómo puede ser hijo suyo?”

La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

Palabra del Señor.

Reflexión

San Marcos nos presenta hoy un texto que gira en torno a la identidad del Mesías. Con este tema Jesús vuelve al comienzo de las controversias que tuvo con distintos grupos y personas dirigentes del pueblo de Israel, que lo cuestionaban maliciosamente por el origen de su autoridad.

Esta vez es Jesús quien pone en apuros a sus interlocutores. Con mucha habilidad los introduce en el misterio de su persona y a partir de los textos de la escritura que todos habían oído, les hace una pregunta nada fácil de responder pues se refería a él mismo.

Al rey David se le prometió que, de su casa, de su descendencia, vendría el Mesías. Pero en el salmo 109 (“Oráculo del Señor a mi señor”), que se atribuía a David, este lo llama “Señor” a su descendiente y Mesías. ¿Cómo puede ser hijo y a la vez señor de David?

La respuesta hubiera podido ser sencilla por parte de los letrados: el Mesías, además de ser descendiente de la familia de David, sería también el Hijo de Dios, sentado a la derecha de Dios. Pero eso no lo podían reconocer. Sus ojos estaban cegados para ver tanta luz.

Jesús de Nazaret, el Mesías, el hijo de David, es el Señor, el Hijo de Dios. En todo el evangelio de Marcos estaba resonando esta pregunta: ¿quién es en realidad Jesús? Nosotros respondemos fácilmente: Jesús es el Señor y el Hijo de Dios. Él mismo nos ha dicho que Él es la luz, el camino, la verdad, la vida, el maestro, el pastor. No solo sabemos responder eso, sino que hemos programado nuestra vida para seguirlo fielmente y aceptar su proyecto de vida. En eso consiste sobre todo nuestra fe en Cristo. No solo en saber cosas de Él, sino en seguirlo: o sea, hacer nuestros los valores que Él aprecia, imitar sus grandes actitudes vitales, su amor de hijo a Dios, su libertad interior, su entrega por los demás, su esperanza optimista en las personas y en la vida…

La multitud escuchaba con agrado a Jesús.

¿Con qué actitud acojo la Palabra de Dios? ¿Estoy dispuesto a dejar que ella  transforme cada aspecto de mi vida?

Señor, nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca; y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y la futura. Amén.

Bendiciones.

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